Mia una nueva vida


Mia fue encontrada vagando en la ciudad de Rosario, Argentina; estaba desnutrida, su piel se metía entre sus huesos, tenia sarna roja en todo el cuerpo y heridas provocadas por el encierro en caniles de cemento.
Cuando viajé a buscarla unos dos meses después, había aumentado unos kilos, le habían curado la sarna; pero le faltaba mucho por superar.
Al llegar a casa pesaba 13 kilos, ahora pesa 20 kilos.
Calculamos con el veterinario que estuvo entre 4 y seis meses sin alimento, ya que pasado ese tiempo sin comer el organismo comienza a consumir los músculos, que es lo que le pasó a ella.
Tiene cayos en los glùteos, codos y abdomen por estar encerrada en caniles de cemento. Llegó con Síndrome de Estrés Postraumático, producto de mucho maltrato en forma constante por mucho tiempo. Le faltan los espolones de las patas traseras, lo que me dice que se los cortaron y tiene costillas quebradas.
Cuando llegò a casa se patinaba en el suelo para salir corriendo cuando simplemente levantábamos la mano para agarrar algo, hacíamos un movimiento un poco brusco, levantábamos un poco la voz...temblaba constantemente al punto que la hebilla del collar sonaba como un cencerro permanentemente; los ojitos achicados, la colita siempre entre las patas bien contra el vientre y hecha un rulito, a pesar que era verano y hacìa mucho calor, pero el terror que sentìa la consumìa. Me costó mucho trabajo hacerla comenzar a comer; le daba el alimento en la boca, se lo mezclaba con carne y cosas ricas, pero era tan profundo terror que sentía permanentemente, que no comía. Se apegó mucho a mí desde el principio porque yo la fui a buscar, y desarrolló angustia por separación por mucho tiempo, cada vez que yo salía o estaba en casa pero no me veía, eso la desesperaba.
Encogìa una pata delantera de a ratos y caminaba con tres, en seña de extrema sumisión, su autoestima no existía; tenìa el esqueleto endurecido y dolorido.
A dos años de haberla traído Mia ha cambiado muchísimo. Lo que mejor le ha hecho fue la terapia de caminatas por la playa, se ha relajado, elevó su autoestima y la confianza en sí misma, dejó el pasado atrás en casi su totalidad, y aprendió a ser felíz. Todavía hay momentos o circunstancias donde se siente insegura, como cuando conoce alguien nuevo, especialmente de sexo masculino, suele ponerse a temblar, pero de a poco y a medida que conoce más a la persona lo va superando.
Ahora vive el presente, disfrutando cada momento. Le encanta el sol, caminar por la playa, acurrucarse a mi lado a ver una película y jugar con Aspen, mi Galgo Ruso, con el que se llevan de maravillas. Ahora mueve su colita flaca casi todo el día, ya no la mete entre las patas; y me da largos abrazos.
Agradezco al Cielo haberla encontrado.


Mia fue encontrada vagando en la ciudad de Rosario, Argentina; estaba desnutrida, su piel se metía entre sus huesos, tenia sarna roja en todo el cuerpo y heridas provocadas por el encierro en caniles de cemento.
Cuando viajé a buscarla unos dos meses después, había aumentado unos kilos, le habían curado la sarna; pero le faltaba mucho por superar.
Al llegar a casa pesaba 13 kilos, ahora pesa 20 kilos.
Calculamos con el veterinario que estuvo entre 4 y seis meses sin alimento, ya que pasado ese tiempo sin comer el organismo comienza a consumir los músculos, que es lo que le pasó a ella.
Tiene cayos en los glùteos, codos y abdomen por estar encerrada en caniles de cemento. Llegó con Síndrome de Estrés Postraumático, producto de mucho maltrato en forma constante por mucho tiempo. Le faltan los espolones de las patas traseras, lo que me dice que se los cortaron y tiene costillas quebradas.
Cuando llegò a casa se patinaba en el suelo para salir corriendo cuando simplemente levantábamos la mano para agarrar algo, hacíamos un movimiento un poco brusco, levantábamos un poco la voz...temblaba constantemente al punto que la hebilla del collar sonaba como un cencerro permanentemente; los ojitos achicados, la colita siempre entre las patas bien contra el vientre y hecha un rulito, a pesar que era verano y hacìa mucho calor, pero el terror que sentìa la consumìa. Me costó mucho trabajo hacerla comenzar a comer; le daba el alimento en la boca, se lo mezclaba con carne y cosas ricas, pero era tan profundo terror que sentía permanentemente, que no comía. Se apegó mucho a mí desde el principio porque yo la fui a buscar, y desarrolló angustia por separación por mucho tiempo, cada vez que yo salía o estaba en casa pero no me veía, eso la desesperaba.
Encogìa una pata delantera de a ratos y caminaba con tres, en seña de extrema sumisión, su autoestima no existía; tenìa el esqueleto endurecido y dolorido.
A dos años de haberla traído Mia ha cambiado muchísimo. Lo que mejor le ha hecho fue la terapia de caminatas por la playa, se ha relajado, elevó su autoestima y la confianza en sí misma, dejó el pasado atrás en casi su totalidad, y aprendió a ser felíz. Todavía hay momentos o circunstancias donde se siente insegura, como cuando conoce alguien nuevo, especialmente de sexo masculino, suele ponerse a temblar, pero de a poco y a medida que conoce más a la persona lo va superando.
Ahora vive el presente, disfrutando cada momento. Le encanta el sol, caminar por la playa, acurrucarse a mi lado a ver una película y jugar con Aspen, mi Galgo Ruso, con el que se llevan de maravillas. Ahora mueve su colita flaca casi todo el día, ya no la mete entre las patas; y me da largos abrazos.
Agradezco al Cielo haberla encontrado.