El rescate de Lala

 




A Lala la vì una tarde en el pueblo de San Josè de Rincòn, cerca de la ciudad de Santa Fe, Argentina. Estaba acostada hecha un rulito. Ese dìa me fuì pero no dejaba de pensar en esa galguita que parecìa triste, dejada a su suerte y explotada cuando era de conveniencia.
Volvì a los pocos dìas y no estaba. Le preguntè a la dueña de casa donde la habìa visto afuera si era de ella, dijo que no, que ella la alimentaba cuando podìa.
Le pedì que me avisara cuando la volviera a ver.
Desconfiada, cuando iba a mi quinta, entraba todos los dìas al pueblo para ver si la galguita estaba tomando sol, pero no la vì.
Una semana despues la señora me llamò. Un domingo por la noche llama y salgo ràpidamente a buscarla.
Al agarrarla pude sentir las garrapatas que colgaban en cantidades que jamàs habìa visto de su cuerpo como racimos de uvas. Unos muchachos me dijeron que tenìa dueño, yo insistì en que la perra estaba en muy mal estado y muy mal cuidada y me la llevè.
Al hacerla ver con mi veterinario notamos que tenìa el vientre muy inflamado,dormìa todo el dìa, le dolìan las articulaciones asì que caminaba muy despacio; tenìa un dedo de una mano luxado, se lo inmobilizamos, lastimaduras por todas partes, y despuès del anàlisis supimos que tenìa anemia aguda.
Al castrarla sacaron quistes con un ovario que le habìa inflamado enormemente el baso, y le provocaba gran dolor, pero ella nunca se quejò.
Comenzò a comer del mejor balanceado, ya que vivìa a pan;se le diò complemento para las articulaciones y tònico para la anemia.
Tenìa miedo a todo, las escobas, los ruidos, los autos. Por la noche tenìa pesadillas donde lloraba y se quejaba.
Cuando me la llevè, me hicieron denuncia por robo. Al acudir a la citaciòn de la policìa llevè conmigo fotos del estado de la perra, dejè claro que no tenìa ni collar ni identificaciòn, tampoco el galguero tenìa documento de ella; llevè certificado de mi veterinario detallando su estado; y la Ley 14.346 (Ley Sarmiento) con los artìculos bajo los cuales me amparaba resaltados. Declarè y dejè todo al comisario.
A los pocos dìas comenzaron a llamarme a mi casa, a veces tres veces al dìa, amenazándome, diciendo que les devolviera la galga, que sabían donde vivo.
Pero no tenìa pensado devolver a Lala a su vida de abandono, abusos y maltrato y con fuerza y lucha bueno, aquì està.
Con mucha paciencia y amor superò sus traumas, ahora sabe que hay personas buenas, sensibles, que la van a cuidar y amar siempre, ahora es felìz.